Deconstruyendo el Neoliberalismo

El término “deconstruir” es uno de los más usados por el progresismo para combatir “el machismo”. A través de la deconstrucción del macho se busca la aceptación sin ningún tipo de reparos de la elección sexual de las personas. La deconstrucción nos invita a desarmarnos y volvernos a armar de manera tal que que no tengamos ningún prejuicio (machista) de los que traemos de casa, del grupo de amigos del colegio, del barrio, o del club. En fín, que rompamos todos los estereotipos y desterremos la mirada juzgadora sobre la elección sexual de las personas para simplemente respetar su proyecto de vida. En este punto todos los progresistas son increíblemente liberales aunque no lo sepan. 


Por: Juan Martín Juárez Villanueva – Abogado

La definición más simple en este sentido es aquella según la cual deconstruir es deshacer analiticamente algo para darle una nueva estructura

Ahora bien, desde el punto de vista político, creo que en argentina debemos deconstruir al “neoliberalismo” para poder entender que dentro de esta palabra tan estigmatizada se encuentra la libertad. La libertad entendida como la manera que tienen las personas de autodeterminarse, de perseguir sus sueños, sus proyectos y ser independientes.

Primero que nada debemos saber que neoliberalismo es un término acuñado por el socialista alemán Alexander Rustöw en la década del 30 para referirse a un modelo económico que conjugara intervención estatal con algo de libre mercado, luego de entender que los modelos socialistas no funcionaban. Es decir, el neoliberalismo nace desde el socialismo, no desde el liberalismo y es por eso que los economistas liberales rechazan el término.

En Argentina se acusa al neoliberalismo de ser el responsable de todas las crisis sociales de los últimos tiempos para no asumir de esta forma, el fracaso estrepitoso de un estatismo exagerado. Tanta regulación, tanto impuesto, tanto empleo público, tanto asistencialismo, tanto gasto público, han hecho inviable un país para la gente que quiere vivir del fruto de su trabajo y no del Estado. No digo que el Estado deba desaparecer, digo que nuestros fracasos se deben a su gigantismo patológico que termina enfermando al sector privado, que es el sector productivo y creador de la riqueza de un país. 

Conurbano Bonaerense

La sencilla razón por la cual cada vez somos más pobres como país, es porque cada vez hay menos riqueza, y cada vez hay menos riqueza porque no hay incentivos para su creación ni para su radicación. El Estado busca desesperadamente financiar su escandaloso tamaño y no puede más que recurrir al impuesto, a la emisión o al endeudamiento. El por estos días discutido impuesto a la riqueza, camuflado en el empático argumento de que los más ricos son los que que deben hacer el esfuerzo en este momento, lejos de ser una solución para redistribuir ingresos, terminará generando más pobreza, ya que alrededor de la riqueza que se intenta gravar, hay miles de puestos de trabajos que se perderán una vez que esos capitales se vayan para evitar el impuesto.

 

Entonces, no hay pobreza porque hay riqueza. O mejor dicho, no hay pobres porque hay ricos. Todo lo contrario, el mundo capitalista ha generado tanta riqueza que hoy en día la pobreza a pesar de seguir existiendo es mucho menor que hace siglos. Las personas viven muchos años y en términos generales todos los niveles de vida han mejorado. Esto está super chequeado y nadie lo pone en duda. Ahora bien, esa riqueza florece y se expande de mejor manera en las sociedades más libres, donde menos restricción y regulación existe por parte del Estado. La clave de esta expansión está tanto en la libertad como en el reconocimiento de la propiedad privada. La gente trabaja para disponer de la propiedad privada que obtiene como fruto de su esfuerzo. Ese esfuerzo, traducido la mayor de las veces en dinero, sirve para ahorrar, para invertir, para consumir e intercambiarlo por bienes que las personas consideran de mayor utilidad que el dinero en sí mismo. En este sentido cada transacción libre, es un ganar ganar entre los que la celebran. 

También se habla de políticas neoliberales, para referirse a las políticas de endeudamiento. El liberalismo se opone terminante a todo endeudamiento ya que no hay nada más antidemocrático que comprometer el patrimonio de futuras generaciones que ni siquiera participan del proceso electoral que elige a los gobernantes tomadores de deuda.

 

Se trata entonces de entender que el liberalismo por empezar ni siquiera es una ideología. Alberto Benegas Lynch (h), quizás el máximo exponente actual del liberalismo en Argentina, es muy enfático en remarcar esta cuestión. El liberal considera que el conocimiento es un proceso de prueba y error que no tiene término. Nunca hay algo cerrado y terminado. El orden espontáneo no se puede encasillar porque es dinámico, provisional, y siempre está sujeto a la refutación de la propia espontaneidad. Si el liberalismo es el respeto irrestricto al proyecto de vida de las personas, entonces todos nos debemos respetar entre todos y nadie debe invadir con sus ideas a otros diciéndoles cómo deben vivir. Simplemente es algo espontáneo, que surge de la interacción libre entre las personas. 

Ciudad de Nueva York

Para terminar, es bueno remarcar que las ideas liberales no son nuevas. Mucho menos lo son en Argentina. Nuestra Constitución Nacional de 1853 fue una Constitución liberal. Una Carta Magna diseñada para que las personas pudieran radicarse en la Argentina, trabajar, emprender, invertir, producir y no para vivir del Estado. Juan Bautista Alberdi se tomó muy en serio el trabajo de ver lo que sucedía en el mundo occidental y cómo debíamos organizarnos para ser una nación atractiva dentro del globo. Tuvo la visión de entender que el mundo cada vez iba a estar más conectado. Así fue como desde 1880 hasta 1930 aproximadamente fuimos de los países más prósperos del mundo, y puntualmente en 1895 y 1896 el país con el PBI per cápita más alto del mundo. 

 

En definitiva muchas veces para generar un cambio, un punto de inflexión, debemos reformular ciertas definiciones. Debemos entonces deconstruir, abrir todo concepto que se presente como último y definitivo. El neoliberalismo como nos lo han presentado no existe. Existe el liberalismo con diversos matices, y son los países con mejores índices de libertad los que más han crecido en los últimos años.

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