¿El dinero de Notre Dame salvaría a los hambrientos de África?

Notre Dame ardió en llamas por seis horas, en un accidente que aún no se sabe si fue tal. El mundo se vio envuelto en noticias y especulaciones de todo tipo. Para los amantes del arte, la arquitectura y la historia habría sido muy lamentable que un incendio termine con más de ochocientos años de historia. Y seguramente para los franceses habría sido devastador perder uno de sus patrimonios más preciados. Por fortuna, y gracias al arduo trabajo realizado por la policía y bomberos del lugar, la catedral parisina no sufrió daños significativos a pesar de haber perdido su característica torre.


Pero el problema parece radicar en otro lugar, en otra discusión. Es que, sucede que hasta hoy domingo 21 de abril se han colectado más de 700 millones de euros para la reconstrucción de la catedral, que pertenece al patrimonio de la humanidad desde 1991. La discusión se desvía del foco mientras magnates, las familias más importantes y poderosas de Francia, al igual que dueños de las principales marcas, petroleras y empresas de cosméticos prometen aportar millones de Euros de sus arcas privadas para la reconstrucción de lo que entienden es, y ha sido el principal símbolo de Francia, de su patrimonio y de su unidad. Es así como incluso pequeñas empresas francesas, y de todo el mundo han asegurado que van a aportar cifras considerables para ayudar en la causa que desvela a las autoridades francesas. Hasta los franceses más ateos anhelan que Notre Dame vuelva a ser lo que era; aunque la esencia de lo que se perdió entre las llamas no vuelva jamás.

Los mensajes en las redes sociales se encuentran divididos entre los que lamentan la pérdida de parte de lo que es la catedral más famosa de la historia francesa y mundial, y entre los que se alegran por el incendio, la desgracia francesa y piden que los fondos recaudados sean enviados a erradicar la hambruna en África. Y es en este último punto donde nos quedaremos y haremos hincapié. Puesto que Argentina fue uno de los países que más criticó la decisión de aquellos millonarios que han de enviar fondos para la reconstrucción de Notre Dame. Las críticas no cesan y miles de posteos, memes y twits son enviados por minuto para repudiar desde la comodidad del hogar las acciones de quienes, a su manera, entienden que llevar adelante las refacciones y puesta en valor de uno de los símbolos de la historia francesa y mundial, no debe recaer solamente en las arcas del estado, lo que indirecta o directamente perjudicaría la vida cotidiana de los ciudadanos del país galo al verse afectados por la suba considerable de los impuestos, y de las organizaciones que pertenecen a UNESCO y la Unión Europea (UE). Así mismo han sido millones quienes han compartido fotos de niños con severos trastornos alimenticios y problemas de salud evidentes. Las imágenes de niños muriendo de hambre conmueven y es inevitable pensar en que ese dinero podría ayudar seguramente a que niños africanos puedan salir de su situación de hambruna.

El reclamo de enviar fondos, alimentos y atención médica al continente que más hambre a sufrido a lo largo de la historia no parece algo descabellado. Sucede que quienes tenemos al menos un poco conciencia social no podemos no sentirnos dolidos cada vez que vemos una imagen, leemos una historia o vemos registros documentales de lo que el hambre está haciendo en África. Datos recientes proporcionados por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) dicen que el hambre en África aumenta por tercer año y alcanza a 821 millones de personas. Es decir que más de 800 millones de personas se iban a dormir sin haber ingerido las calorías mínimas requeridas y aconsejadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para la realización de sus actividades diarias. Y aunque esto parece un dato no tan abrumador, habla de cómo casi un continente entero está sufriendo en mayor o menor medida hambre cada día. Pero esto no es todo, la situación en el continente africano se va agravando cada año y la ONU ya ha anunciado que en los próximos años la hambruna volvería a generar catástrofes semejantes a las que se vivió en la década del 80’ en Etiopia, donde cerca de un millón de personas murieron en aquel país, y cientos de miles más encontraron el mismo destino en la región conocida como el “Cuerno de África”.

“El hambre en África sigue aumentando, tras muchos años de declive, lo que pone en peligro los esfuerzos del continente para erradicarla a fin de alcanzar los Objetivos de Malabo para 2025 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible, en el número 2, que es hambre cero”, reconoce la FAO. Las cifras son escalofriantes y África se enfrenta a una crisis alimenticia, acompañada y empeorada por los conflictos armados dentro de la llamada África Subsahariana, donde se encuentra la mayor cantidad de personas hambrientas. Sobre el hambre en África podríamos seguir hablando y escribiendo eternamente, pero el tema que nos compete es otro. Y son los más de  700 millones de euros que se destinan a la reparación y reconstrucción de Notre Dame. Si pensamos en los datos que hemos citado, todos aportados por las principales organizaciones mundiales como la ONU, FAO y OMS, nos daríamos cuenta que creer que donar ese dinero a ONG´s que colaboran en África no sacaría a nadie del hambre, ya que si dividimos los 700 millones de euros destinados a Notre Dame entre los más de 237 millones de personas, que según la FAO hay en situación de hambre solo en la África negra o África Subsahariana, nos daría el resultado de €2,95 por persona, eso sin contar todos los gastos que las organizaciones hacen en hacer llegar la ayuda; ONG´s han aceptado gastar más dinero en transporte y traductores que en la comida o medicamentos que se destinan para colaborar con la emergencia sanitaria y alimenticia.

Aun así, muchos pensaran que, a pesar de que el dinero sea insuficiente es necesario y la causa es más importante que la de reconstruir una vieja catedral gótica. La gran mayoría de los detractores han expuesto razones morales y antireligiosas. Más allá de las razones que cada uno pueda exponer y a sabiendas de que el dinero destinado a la causa parisina es increíblemente insuficiente para la erradicación del hambre en África, que viene creciendo a pasos agigantados también ayudada por el cambio climático que afecta a las producciones agrícolas de la zona. La pregunta que deberíamos hacernos es ¿Cuánto dinero se necesita para la erradicación del hambre y los problemas estructurales en el continente africano?

La pregunta es un poco difícil de contestar y Jennifer Nyberg, directora de la oficina en España del Programa Mundial de Alimentos (PMA) ha asegurado que es una misión imposible calcular la financiación que se destina a esta lucha y por consiguiente cuánto se necesitaría, o si se han producido recortes en los aportes privados. En 2017 se realizó una fuerte campaña para recaudar fondos privados y así financiar muchos de los programas que se llevan adelante en los países africanos. PMA solicitó 9.100 millones de dólares para realizar su labor de distribución de alimentos en zonas de crisis pero solo recibió 6.800 millones. Las cifras son impensadas para quienes aseguran que con 700 millones se puede combatir el hambre en África. Y mucho más para aquellos que aseguraron, tal vez sin conocimiento de datos oficiales, que para combatir el hambre en África no se recolectaría ni la mitad. El odio hacia las religiones, y en especial hacia la religión católica por parte de famosos como Jimena Barón aquí en Argentina, sumado a que ignoran completamente la situación africana, la financiación y de cuantas personas colaboran en los países africanos con altos niveles de pobreza y desigualdad han creado una ola de críticas infundadas a personas que anteriormente han donado millones de dólares y euros a los programas de ayuda sanitaria y alimentaria en el continente. Sin irnos tan lejos tenemos el caso del 2017 en donde la PMA recibió un monto de 6.800 millones de dólares por parte de donantes privados, empresas y civiles que colaboran con pequeñas contribuciones que van desde los cien hasta los mil dólares.

Existen otros casos en los que empresarios multimillonarios han donado miles de millones de sus fortunas a obras de caridad en todo el mundo, ya que la desigualdad y la pobreza no es exclusividad africana. Si bien los medios nos atosigan con noticias sobre el hambre en ese punto del planeta, no podemos olvidar que tan solo en Latinoamérica existen 21millones de personas en condiciones de subalimentación, según un estudio realizado por la FOA. Asia es el continente con mayor nivel de desnutrición, aquí  515 millones de personas padecen de la subalimentación cada día a causa de la pobreza y la desigualdad. A causa de estos números, personas sumamente ricas en el mundo han donado miles de millones de dólares a lo largo de sus vidas a la caridad. Al parecer los más de 1.000 millones de dólares para la educación e investigación médica donados por Marc Zuckerberg y su esposa, Priscilla Chan no han sido suficientes para erradicar enfermedades como la tuberculosis, meningitis o disminuir los casos de diarrea en poblaciones enteras, combatir la malaria en la infancia o luchar contra el avance estrepitoso del VIH/SIDA en los países más vulnerables.

En el año 2010 el magnate multimillonario Bill Gates junto con Warren Buffet crearon el proyecto “The Giving Pledge”. Tras de ello anunciaron que donarían el 50% de sus fortunas a la caridad para combatir la desigualdad y el hambre en todo el mundo. Al proyecto se sumaron las 40 principales familias de los Estados Unidos, que también prometieron aportar a lo largo de su vida la mitad de sus fortunas. Así es como personalidades de la talla de Zuckerberg, Buffet, Ted Turner, Tom Steyer  y Michael Bloomberg desde entonces vienen desembolsando miles de millones de dólares a la caridad colaborando con muchas organizaciones que colaboran entre otras causas con la de África. Los números son realmente altos ya que tan solo Bill Gates hasta el año 2018 había donado más de 36.000 millones de dólares, desde su fundación, enfocados a combatir los problemas de salud y pobreza a nivel global. Por otra parte empresarios como Carlos Slim y Jeff Bezos han donado 4.000 millones y 2.000 millones respectivamente a causas similares. Bezos apuesta fuertemente a la construcción de casas y ayuda humanitaria a personas sin hogar.

Las donaciones a causas humanitarias en un monto determinado son, como dijo Jennifer Nyberg, incalculables. Es decir que las fundaciones manejan incalculables cantidades de dinero y aun así los problemas de salud, hambre y vivienda en los países de África siguen siendo el principal problema. Desde la UE aseguraron que los gobiernos miembros de la unión han enviado” más de mil millones de euros a WFP en la lucha contra el hambre en 2017”. La ayuda humanitaria que reciben hace décadas por parte de los países más ricos del mundo también se ha vuelto incalculable. En Europa es muy común que países como España, Francia, Alemania sobreproduzcan materias primas y alimentos con el objetivo de enviar el sobrante a los países más necesitados. África se ha vuelto el hijo adoptivo del mundo entero, en casi todos los países del mundo se pueden encontrar organización que colectan fondos para enviar a los programas de asistencia que se encuentran instalados en el continente africano. El asistencialismo ha puesto en jaque a productores locales, ya que no pueden competir con la calidad de los productos enviados desde Europa, por lo que no es rentable intentar poner una fábrica, una maderera o siquiera una constructora. Ya que desde los países de afuera llegan las casas prefabricadas con productos europeos, los caños con plástico europeo para las conexiones que necesiten, y todo tipo de productos manufacturados, ropa, calzado, etc. la única salida que tienen es ser productores agrícolas y criar animales. El problema es el cambio climático, la sequía o las inundaciones que van dejando en su camino un campo regado de hambre, pobreza y asistencialismo que no parece ayudar a nadie a salir de la pobreza.

Los líderes políticos africanos no se ven muy preocupados por su pueblo, como si por sus guerras. La falta de políticas públicas han mantenido a África inmersa en una pobreza estructural de la cual no puede salir ni con los 700 millones de Notre Dame, con los miles de millones incalculables aportados hasta ahora, ni con el asistencialismo mundial. Lo que África necesita son líderes que tomen las riendas de la situación y decidan su propio destino porque estoy seguro que no hay fortuna alguna que pueda salvar a África del hambre sino está acompañada de políticas públicas que generen un crecimiento, empleos que puedan mantener las familias y un plan a largo plazo, con el aprovechamiento de sus recursos naturales.

Mientras muchos se encuentran aun debatiendo sobre el destino de los fondos de Notre Dame, con la conciencia tranquila por haberse indignado y posteado desde la comodidad de su hogar o la oficina, familias como las del grupo Louis Vuitton Moët Hennessy (LVMH), del empresario Bernard Arnault, el grupo cosmético L’Oréal y los Bettencourt, el magnate François-Henri Pinault y su padre, el conglomerado de empresas Artemis y el grupo Kering, dueño de marcas de lujo como Saint Laurent, Gucci o Alexander McQueen, no sólo han aportado millones para la reconstrucción de la Catedral de Notre Dame, sino que también han donado a lo largo de muchos años miles de millones de euros para las causas africanas y los refugiados que escapan a Europa en busca de una vida mejor. Es así como el destino de esos fondos deberían ser celebrados, pues, salvan a Francia de un posible aumento considerable en sus impuestos, ya que la catedral de todas formas debería ser reconstruida al ser un patrimonio de la humanidad y una de las principales atracciones turísticas del país galo. Lo irónico de esta situación es la furia y la indignación de quienes protestan por el destino de dinero privado pero no se preguntan,  qué hacen las organizaciones con ese dinero, por qué no se avanza en estos temas si miles de millones son aportados anualmente, y por qué no se implementan políticas públicas que hagan crecer las economías locales en vez de pretender más dinero y asistencia. Tal vez y sin darnos cuenta estamos contribuyendo a las trágicas hambrunas que la ONU ha anunciado inevitables para los próximos años. Tal vez no existan fortunas, sin políticas locales, que logren salvar a las personas del hambre.

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