Igualar para abajo. ¿Qué hay detrás del discurso populista?

Digamos que hay dos maneras de obtener lo que necesitamos: Con el propio esfuerzo y resolviendo las dificultades por nosotros mismos, lo cual nos fortalece. O intentar obtenerlo a partir de la asistencia ajena, lo cual nos deja más desvalidos y débiles, porque dependemos de los demás.


Por: Pablo Lujan – Psicólogo, Psicoanalista (MP 6094).

Cuando nos sucede esto último, es decir cuando nos sentimos débiles y desvalidos, y nos sentimos dependientes, solemos quejarnos y reclamar que tenemos derecho a que nos den y sentimos envidia de quienes han logrado conseguir sus bienes, honestamente, por ellos mismos. Sentimos que algún tipo de privilegio han tenido, que han recibido todo más facilitado, y que es una injusticia. Recordemos siempre que la envidia oculta una idealización del otro, y que, cuando dejamos de idealizar, la envidia disminuye. Si miramos atentamente, cualquier persona que haya progresado de manera honesta lo ha hecho a costa de mucho sacrificio y de mucho esfuerzo. Si bien no todo es mérito propio, hay una gran parte de responsabilidad individual que nos compete.

Siguiendo con la vivencia envidiosa, digamos que el sentimiento que muchas veces queda oculto es de que no se quiere vivir en una sociedad en donde haya que esforzarse demasiado, porque se consume mas de lo que se produce, y se pretende que la diferencia la paguen otros:

¿Que es el Estado, decía Bastiat, si no esa ficción a partir de la cual muchos quieren vivir a costa de muchos otros?

A su vez, dentro de este último punto, existe el deseo, cuando no se puede obtener honesta y creativamente lo que se desea, de destruir a quien produce, hasta llegar al punto absurdo de intentar “igualar para abajo” con tal de que la percepción del logro ajeno no estimule nuestra propia carencia y resentimiento. Von Mises, lo decía así: “Gran numero de los enemigos del capitalismo saben perfectamente que su situación se perjudicaría bajo cualquier otro orden económico. Propugnan, sin embargo, la reforma, es decir el socialismo, con pleno conocimiento de lo anterior, por suponer que los ricos, a quienes envidian, también padecerán ¡Cuantas veces oímos decir que la penuria socialista resultara fácilmente soportable ya que, bajo tal sistema, todos sabrán que nadie disfruta de mayor bienestar!”  Es decir, a esta idea la sostiene lo que el psicoanálisis llama fantasía, es decir, la vivencia inconsciente de que la igualación del malestar conduce a un bienestar relativo.

Algo así como si dos niños, en una discusión por unas manzanas dijeran: ¿Por qué vos tenés  tres y yo tengo dos? No me importa como hiciste para conseguir la manzana que yo pienso que vos tenés de más. Me parece injusto, y además no quiero hacer el mismo sacrificio para conseguir otra más. Prefiero que tires una manzana así estamos igualados, por mas que estemos los dos menos satisfechos con una manzana menos.

Cuando actuamos así, olvidamos que si destruimos a quienes les va mejor que a nosotros, también nos destruimos a nosotros.

La envidia y el resentimiento, cuando son negados y no asumidos conscientemente, siempre terminan desembocando en una situación masoquista.

En este sentido, si lo pensamos en términos estrictamente materiales, los países que de alguna manera mas han demonizado el crecimiento económico son los que más están sumidos en la pobreza; pensemos que la CEPAL proyecta que para 2021 los índices de pobreza de nuestro país se estiman en mas de un 40 %.

La idea de que el dinero es un “vil metal” que des-ennoblece las relaciones humanas y las sumerge en un capitalismo desaforado nada tiene que ver con la realidad.

Bastiat decía que donde hay un negocio no entran balas. Harari, en su majestuoso libro “De animales a Dioses” nos muestra a las claras que fue justamente el capital el que no solo permitió el crecimiento de las naciones y permitió sacarlas de la pobreza (recordemos que para 1830 el 95% del planeta era pobre y que fue el capital el gran salvo conducto), si no que también dio lugar a acuerdos nunca antes posibles por medio del trueque.

Igualar para abajo para intentar evitar el dolor de ciertas pasiones, no parece buen negocio.

Pero me parece prudente también afirmar también que estas pasiones, la debilidad, el desvalimiento, la pereza, la envidia y el resentimiento, no solo son pasiones que tiene solo los otros, son pasiones universales y todos las compartimos de alguna manera, aunque no prefiramos, por ejemplo, un ideario socialista.

El saneamiento de dichas pasiones en nuestra cultura también comienza por casa.

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